Hay historias que no se levantan con las piernas, sino con el alma, Fabio Torres lo entendió desde aquel fatídico día en 2008, cuando una mina antipersonal le arrebató una parte de su cuerpo, pero no su espíritu.
Ese mismo año, mientras el mundo parecía venirse abajo, él decidió reinventarse, no desde el dolor, sino desde la fuerza.
En 2009, en Fusagasugá, con la Liga de las Fuerzas Armadas, debutó en competencia y lo hizo como suelen hacerlo los grandes ganando. Levantó 120 kilos y con ellos cargó también su primera medalla de oro y la promesa silenciosa de que esta historia apenas comenzaba.
Desde entonces, han pasado más de 15 años y Fabio no ha dejado de escribir su nombre con letras de acero en el deporte paralímpico mundial.
A sus 49 años, su palmarés es un espejo de disciplina, constancia y coraje, medallista mundial en tres continentes (México 2017, Kazajistán 2019 y Dubái 2023) y doble medallista de bronce en los Juegos Paralímpicos de Tokio 2020 y París 2024.
Pero más allá de las preseas, Fabio Torres representa algo más valioso que cualquier metal: la capacidad de transformar el dolor en propósito, la pérdida en inspiración.
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